Entonces ellos le propusieron el trato explicándole también cómo se encontraba el rey, y dijeron que le darían a cambio todo lo que él pidiese. El campesino empezó a pensar qué cosas podrían interesarle.
Al cabo de un rato, comprendió que no necesitaba nada más para ser feliz, porque él ya lo era con todo lo que tenía. Los enviados volvieron a palacio con la camisa. Al entrar, el rey les recibió impaciente. Cuando le dieron la camisa le contaron toda la historia, entonces el rey se dio cuenta de que la felicidad consistía en apreciar lo que uno tiene y en estar agusto consigo mismo.
Y así no volvió a estar triste nunca mas.